La radio, nuestra fiel amiga, ha sido ensalzada en numerosas canciones. A destacar aquel mítico tema Video Killed The Radio Star de The Buggles que curiosamente, quién lo diría, no es de la década de los 80, sino de 1979.
De todas formas se trata de un tema ochentero por excelencia, electrónico y con toques futuristas, que desprende una frescura y alegría desbordantes, a pesar del tema de la canción. El vídeo se hizo famoso a raíz de ser el primero emitido por la MTV, confirmando así la letra de la canción: el vídeo destruye a la radio.
Otro cántico a la radio se produce poco más tarde, en 1982, de la mano de Queen, con la magnífica Radio Ga Ga, uno de sus temas más electrónicos y reconociblemente ochenteros.
En el magnífico vídeo los miembros de la banda británica se meten en el mundo futurista ideado por Fritz Lang en 1927, en aquella joya llamada Metrópolis, una obra maestra de la ciencia-ficción.
La letra de este temazo, que no tiene desperdicio, queda resumida en aquel "You made us feel like we could fly". Y es que la radio, como la ciencia-ficción, nos hace volar... Nos hace soñar.
Sofisticación. Elegancia. Dos palabras, dos sinónimos, que nos llevan a un mismo grupo: Roxy Music.
La banda liderada por Bryan Ferry e integrada en sus dos primeros discos por el famoso Brian Eno, creador de la música ambient, empezó sus andaduras en 1971 a golpe de glamour. No en vano su música se engloba en el glam rock, un género provocativo donde la estética juega un papel fundamental, pero en la que tenía cabida la experimentación elecrónica, especialmente por la influencia inicial de Eno.
Su virtuosismo y delicadeza se refleja en canciones como The Same Old Scene y Avalon, canción del disco homónimo de 1982 que a la postre sería su último disco.
Pero sin duda en este universo de sofisticación y pleitesía a la elegancia destacan dos grandes temas de Bryan Ferry: More Than This y Slave To Love, esta última ya en su carrera en solitario en 1985, que se hizo famosa por ser utilizada en la banda sonora de la por entonces escandalosa 9 Semanas y Media.
Juzgar cuál es mejor que otra, cuál de ellas destaca en elegancia y glamour se me antoja una tarea ardua, si no imposible. Yo personalmente creo que se trata de la misma canción, pero compuesta en momentos diferentes. Romanticismo puro.
Roxy Music. Bryan Ferry. Clase, ante todo mucha clase.
Me baso en una cantidad quizá no suficiente de datos, pero por lo poco que he podido ver y leer de Bloodhound Gang -estilo, letras, actitudes-, creo que el grupo está formado por la clase de cretinos que no me interesa en absoluto. Ese cretinismo constitutivo se echa de ver en el videoclip de Bad Touch, que por otra parte es un magnífico tema muy radiado y pinchado en su momento (1999), cuando estaba a punto de acabar un milenio y empezar otro.
Milenio más, milenio menos, hay cosas que no cambian. Primate y hombre, mamíferos somos, así que venga, chavala, ¡uh, uh!, vamos a hacerlo igual que lo hacen en el Discovery Channel. Perdón por la maledicencia, pero al ver las caras de los miembros del grupo uno se pregunta si era realmente necesario cubrirse con el traje de felpa y usar las orejas postizas de goma para asemejarse a nuestros primos evolutivos. En cualquier caso, la canción fue un merecido exitazo que se mantuvo durante un mes (de finales de enero a finales de febrero de 2000) en el número 1 de las listas de los Estados Unidos.
Se advierte a quien esta entrada leyere, y sobre todo escuchare, que las canciones aquí incluidas son altamente pegadizas. Peor aún, son pegajosas y adherentes a más no poder. Por lo tanto, se recomienda un consumo responsable y moderado, en audiciones únicas y espaciadas en el tiempo, pues de lo contrario será inevitable un tarareo continuo de sus notas, en detrimento de cualquier otra actividad psíquica, que quedará imposibilitada.
1995. Llega al número 1 de las listas en España, Austria, Finlandia, México y Lituania una de las canciones con el título más directo e imperativo que pensarse pueda: Shut Up (And Sleep With Me). Su autor es Sebastian Roth, que ha pasado a la historia musical como Sin With Sebastian. Es decir, en el nombre ya llevaba la incitación a la lujuria. El videoclip es de un colorido orgiástico y kitsch, con estética de serigrafía de Warhol más una buena dosis de ambigüedad hortera. Cuidado con el estribillo -y no me refiero al contenido moral-, porque es de los que pegan fuerte en las neuronas. Los coros operísticos que se marca la rubia de peluca, que uno ve muy lynchiana (pero uno acaba viendo a Lynch por todas partes) añaden un lirismo impagable a la canción.
1997. No menos petardeo multicolor y sentido lúdico hay en nuestro tema siguiente, Barbie Girl, de Aqua. En este caso estamos ante un grupo formado por tres daneses y una noruega, que se casó con uno de los ellos, y hoy tienen dos hijos. El elegido fue Sören, el rubio cuyo peinado se parece al Sputnik en el videoclip. Aunque más recatado en apariencia que el de Shut Up, hay también una considerable carga sexual latente en Barbie y Ken. El contraste entre la voz aniñada y el tono de macho brutote, respectivamente, siempre me ha hecho sospechar que sobre esta canción tan ingenua planeaba la sombra del estupro. Por cierto, los de Mattel demandaron al grupo por usar el nombre de la muñeca sin su permiso. Desagradecidos...
1998. Otro clásico del momento, con el que bailamos (ejem, nos movimos a su ritmo) hasta la saciedad, fue Up & Down, de los holandeses Vengaboys. Este grupo era la quintaesencia del espíritu fiestero, con temas tan celebrados también como Boom, Boom, Boom, Boom! o We're Going to Ibiza (tan lejanos en todos los aspectos a los de Leonard Cohen, por ejemplo). En el videoclip de la canción aquí seleccionada, la vocalista Kim Sassabone nos deleita con una interesantísima sesión de aerobic. Nuevamente colores chillones y sobreactuación histriónica (pero cuánto se echan en falta estos elementos entre tanta ramplonería sin gracia de hoy). Tres apreciaciones personales: una, las jamonas de la peluquería representan la cruda realidad; dos, el mordisco en la bota de la Sassabone perturba; tres, el japonés pesado como que sobra, pero bueno.
Del mismo año 1998 es una de mis preferidas: Surrender, de The Soundlovers. En este caso el grupo es italiano, pero pone la voz solista la holandesa Nathalie Aarts. Cuidado con las notas iniciales de la canción, porque también son de las que se quedan incrustadas en las circunvoluciones del cerebro durante un buen rato. Salir un sábado de fiesta y despertarse el domingo con el 'Pipipipi pipipi pi-pi-pi pi-pi-pi' en la cabeza era todo uno. Qué buena música y qué buenos recuerdos. (En este caso no hay videoclip disponible. Echamos mano de lo que ofrece YouTube.)
Por último, una de 1999, Tell Me Why, de los también italianos hermanos Prezioso y Alessandro Moschini (Prezioso feat. Marvin). Fue su primer single, y probablemente su mayor éxito. Mucha precaución con el estribillo, porque el vaivén del 'whYyYyYy you want love? / whYyYyYy my love?', aunque al principio parezca que no, es de los que se contagian. Tampoco es inocuo el fraseo un poco autómata de las estrofas, ni el sincopado electrónico que las precede. Allá va...
Cualquier turista que se precie que quiera conocer Escocia debe seguir una serie de imperativos. En primer lugar, organizar él mismo el viaje, vuelos y hoteles incluidos. En segundo lugar, alquilar un coche conforme llega al aeropuerto de Edimburgo. Tercero, dirigirse inmediatamente al Norte, a las Highlands. Y por último, y de lo más crítico, elaborarse una banda sonora para escuchar en el coche que esté a la altura de estas tierras altas.
Yo así lo he hecho y la verdad que no he tenido mucho problema en encontrar grupos y artistas escoceses. No faltan los himnos escoceses -Flower Of Scotland y Scotland The Brave que representan a Escocia en diferentes juegos- y música de gaita, conocida allí como pibroch. También están presentes grupos de rock alternativo, como los originales The Jesus & Mary Chain, creadores del noisy pop allá por 1985, género musical caracterizado por introducir ruido de fondo en un contexto pop.
No pueden tampoco faltar bandas de Britpop, como los ampliamente reconocidos y varias veces galardonados Travis. También están presentes temas de bandas sonoras de películas representativas de Escocia, como el Born Slippy de Trainspotting, el rock sinfónico de Queen en Highlander -Los Inmortales-, o las baladas de Braveheart y Rob Roy. Las guitarras de Mark Knopfler y su banda Dire Straits también animarán la carretera.
Por supuesto, y teniendo en cuenta el blog en el que estamos, lo que más abunda es el synth-pop -de música dance los escoceses, poco, a excepción quizás de Franz Ferdinand-. Grupos como Deacon Blue y su maravilloso Real Gone Kid, Endgames y Aztec Camera pondrán el toque ochentero electrónico necesario para este viaje.
Estamos ya llegando a las cumbres más altas, y allí deben sonar las grandes bandas escocesas: los delicados y elegantes temas de Texas, la voz sobrenatural de Midge Ure -escocés líder de la banda británica Ultravox y componente del pionero grupo de technopop Visage-, la magia de Annie Lennox y su formación inglesa Eurythmics y, en lo alto de la cima, posiblemente la banda escocesa más famosa, los exquisitos Simple Minds.
Sí, mañana marcho para Escocia. Pero no os olvidéis de mí, porque volveré.
... sin ver de nuevo Trainspotting, la película de culto que filmó Danny Boyle en 1996, basándose en la novela homónima de Irvine Welsh. Hay que considerarla el reverso antiheroico de Braveheart:frente a la épica nacional de un William Wallace, sólo queda en el presente la sordidez narcótica de Mark Renton y su pandilla, cuyo orgullo patrio digamos que se ha debilitado: "Es una mierda ser escocés, somos lo más bajo de entre lo más bajo, la escoria de la puta tierra".
Trainspotting no sólo marcó un hito en la historia del cine por sus modos directos, su estética peculiar y sus singularidades narrativas. Otro de sus logros fue una banda sonora que rescataba grandes canciones, y que popularizó el tema asociado por antonomasia a la película: Born Slippy, de Underworld. Se trata de una composición rotunda, enigmática, obsesiva, que sonó mucho en las pistas de baile durante aquel vibrante curso 96-97 (la recuerdo de fondo todos los sábados por la noche en el Inn de la calle Hilarión Eslava, mientras pedíamos vodka-limón a una camarera rusa que se llamaba Natacha).
Buen viaje para los que se van a Escocia. Buen viaje para los que se van al centro de la noche.
Si hay un grupo que destacó en el panorama musical noruego del synth-pop de los 80 no es otro que A-ha, el trío originario de Oslo que ha vendido más de 40 millones de copias de sus singles a lo largo de sus 25 años de carrera recién cumplidos, con la excepción de un corta separación de 1994 a 1998.
La formación inició sus andaduras allá por 1983, dando rápidamente un salto a Inglaterra en un billete de avión sólo de ida que les llevó al éxito con su álbum debut Hunting High And Low, 1985. Este álbum recoge sus temas más conocidos y de mayor calidad. Prueba de ello son estos dos vídeos plagados de viñetas de cómic: la electrizante Train Of Thought con su potente sintetizador -donde el vocalista parece salido de la película de Marlon Brando Un Tranvía Llamado Deseo-, y la poderosa, mágica, arrebatadora y celestial, casi divina, The Sun Always Shines On TV, espléndido vídeo rodado en una catedral abandonada de Londres y que les valió dos premios MTV y más de 5 millones de copias vendidas del single.
El grupo seguiría componiendo temas de indudable calidad, como la intimista Stay On These Roads y la cinematráfica The Living Daylights, utilizada en la película homónima de James Bond protagonizada por Timothy Dalton en 1987.
Pero sin duda el tema más conocido del grupo, el que les lanzó a la fama, aquél que vendió él solito la escalofriante cifra de 9 millones de copias, uno de los temas ochenteros por excelencia, es su primer single. ¿Quién no ha cantando cientos de veces a pleno pulmón, melancólica víctima de un frenesí exacerbado, aquello de "Take oooon meeee / Take meeee oooon"?
Ahora que estamos casi finalizando el verano y que todavía no he disfrutado mis vacaciones me doy cuenta que una de las cosas que más añoro de los 90 –en mi época de estudiante– es, aparte de la fabulosa música dance de aquellos años, la práctica de ese hobby necesario para el ser humano: matar el tiempo.
Era para mi otra época, más de tres meses de vacaciones de verano en los que daba tiempo para todo, incluso para aburrirse, muy diferente a la situación actual del españolito currante, con sus raquíticos 22 días no laborables al año que no da ni para desconectar, y mucho menos para matar el tiempo.
Sí, desearía recuperar lo que nos propone –en otra clave- Tina Cousins en su fantástico single del 97: Killin’ Time.
Alemania ha producido muchos y buenos grupos de synth pop, y no pocos tienen un interesante trasfondo intelectual. Uno de ellos es Wolfsheim, cuyo nombre procede de un personaje de la novela de Scott Fitgerald The great Gatsby.
El dúo formado por Peter Heppner y Markus Reinhardt se dio a conocer en 1991 con el sencillo The Sparrows And The Nightingales, un tema poderoso, envolvente, al que no falta esa mezcla tan germánica de oscuridad y ritmo imperioso, casi castrense.
El estribillo es solemne como una cosmogonía, y la música que lo acompaña tampoco es que permita frivolizar al respecto. 'And God is on your side / dividing sparrows from the nigthingales / watching all the time / dividing water from the burning fire... inside'.
No me resisto a dejar también constancia de otro hermoso tema de Wolfsheim, éste en alemán, de 1999: Künstliche Welten. Para quienes pueden disfrutarlo en su idioma original, aquí dejo la letra de la primera estrofa: 'Ich komm' zu dir / halt' deine Hand / wir gehen gemeinsam durch dies' wunderbare Land / das ich für dich erfand / mit mathematischem Verstand'. Otra vez creando mundos, bellos mundos sonoros.
Soñemos con una melodía sugerente, de cadenciosos ritmos electrónicos. Soñemos con una canción que, sin darnos cuenta, nos induce un balanceo delicado durante los cinco minutos que dura. Soñemos que su videoclip no es más que una desnudez luminosa y pura. Soñemos que flotando en un vacío celestial hay cuerpos despojados de todo atuendo, vestidos sólo con la tersura de sus voces. Soñemos que entre tanta placidez se desata el frenesí de un solitario saxofón. Soñemos que una dulce armonía nos envuelve. Sweet Harmony. The Beloved. 1993. Soñemos.