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sábado, 17 de abril de 2010

Inspiración ajena

En la escena musical se pueden considerar tres clases de canciones: las originales, las versiones y los plagios.

Las canciones originales son aquellas fruto de la inspiración del compositor. En los 80, década de gran inventiva, predominaron este tipo de temas.

Las versiones son temas realizados por aquellos autores faltos de originalidad que deciden dar un toque diferente, y normalmente más actual, a una canción que ellos admiran. Es, y sigue siendo, muy habitual, versionar grandes canciones tecnopop de los 80 y darles un toque más bailable. Muchos temas dance de los 90 y 2000 emplean esta fórmula, previo consentimiento del autor original. El título de la canción permanece por lo general inalterado. La creativa del autor consiste únicamente en dar un enfoque diferente a la canción que la haga más atractiva para el público actual, lo cual a veces consiguen y otras no (a veces más bien logran generar síncopes a los puristas).

Por último están los plagios, aquellos temas que pretenden ser originales pero que en realidad se sirven parcialmente de la inspiración ajena. Se trata de un hurto intelectual en toda regla, en el que un día un autor escucha una canción con alguna parte que le gusta y decide apropiarse de ella para su nuevo tema musical, eso sí, pero que no se entere nadie -ni siquiera los sabuesos de la SGAE-. Por ello cambian el nombre de la canción y utilizan esa parte de la melodía a la cual ellos no han podido llegar por sí mismos.

A su vez, dentro de esos plagios los hay de dos tipos: flagrantes y sutiles. Es flagrante, por ejemplo, la copia melódica que hizo Dream Project con su canción Take a Chance en 1995, el mismo año que Amen! UK lanzó Passion, una de nuestras favoritas. En este caso fue una buena idea, con esa espídica melodía el tema de Dream Project no puede más que salir ganando -lo que no sabemos es si Amen! UK salió ganando algo-. Comparemos.

Otro plagio evidente es el de Veronica con I Can't Get Enough (1999), que desde el comienzo nos suena a Gala y su Come Into My Life (1997), desde el tono de su voz a la batería de graves que acompañan el tema.

Sin embargo hay plagios más difíciles de discernir. Esa sutileza se muestra en el tema Golden Child del compositor español DJ Sammy, donde cambia el género y hasta el idioma, pero aún eso se detecta el empleo de la misma melodía y tono de un tema de Mecano, Aire, en el inicio de la canción. Al tratarse de dos temas españoles no sabemos si aquí intervino la SGAE o sólo deja sus actuaciones para los Alcaldes de Zalamea y el canon digital.

Por último, y ésta ya es de nota, la sutileza de los valencianos Megabeat en apropiarse de un escueto trozo melódico del tema How much are they? (1981), de Jah Wobble, para convertirla en la melodía principal de su éxito Es Imposible, No Puede Ser (1990). Revisad si no el tramo que empieza en el 2'45'' del tema de Wobble, quien seguramente diría, al escuchar el tema de Megabeat: "Es imposible, no puede ser", en clara alusión a su incredulidad ante un plagio tan bien realizado.


R.O.C.

sábado, 10 de abril de 2010

80's Top (II): Fealdad

Otra característica destacable de los 80 es la fealdad de los vocalistas masculinos. La falta de hermosura se extendía como una plaga, afectando a las mejores bandas de los 80, no así a sus canciones.

Un grupo que destacó por la fealdad de su vocalista, Mark Hallis, y en general por el resto de sus integrantes fue Talk Talk. Seguramente eligieron ese nombre para el grupo debido a que tenían que hablar y hablar, y dar la chapa a las chicas, de manera cansina si querian conseguir algo, pues sus caras no les avalaban, como puede verse arriba en la foto del Hallis tomada del vídeo Such A Shame. Podemos comprobar más en detalle en las tomas cortas del siguiente vídeo, precisamente Talk Talk (1982), uno de sus primeros singles -y quizás el mejor-, con esas orejas y esa cara de niñato.

Talk Talk - Talk Talk

En el segundo artículo de este blog, titulado 'Self Control', Oro Olímpico, detallábamos el podio olímpico de las tres mejores canciones tecno-pop, compuesto por canciones del italiano RAF, los australianos Real Life y los alemanes Alphaville. Precisamente este podio tampoco escapa del síndrome comentado: los vocalistas son todos muy feos. Me abstendré de repetir el vídeo de RAF, pero os presentaré el careto de David Sterry (Real Life) y podéis comprobar de nuevo la fealdad de Marian Gold (Alphaville) -¡con esas paletas se hacen excavadoras!- en otro vídeo diferente.


Por último, y no menos importante, veamos la vampírica cara del alemán Manfred Ricardo Tess Perilano, conocido en la escena musical como Fancy. Empecemos por el vídeo de Bolero (1985), el cual perfectamente podría estar incluido en el anterior artículo por el horterismo que supura, especialmente en la vestimenta y en los bailes. Vamos, que con esa cara y esa camisa roja con alas no me extrañaría que se echara a volar, cual murciélago, después de habernos chupado la sangre.

Para terminar, despejaremos la siguiente pregunta: ¿la fealdad es una enfermedad permanente?. En el caso de Fancy parece que sí, que no tiene arreglo. Mirad este vídeo de una actuación suya en Rusia en 2003, y apreciad el contraste de la escena central, con un Fancy de negro, y unas bellezas a su lado (que no logran más que agrandar su fealdad y decadencia). No obstante su apariencia, disfrutemos de estas Flames Of Love, magnífica balada italodisco.

Visto lo visto, la fealdad no sólo es una enfermedad permanente, sino también degenerativa.

R.O.C.

80's Top (I): Horterismo

Los 80 nos dejaron muy buenas canciones, pero también los videoclips más horteras que uno pueda recordar. Y es que fue una década de libre expresión, que algunos malinterpretaron. A mi personalmente no me importa, ahora me río mucho viendo esos vídeos, pero seguro que los cantantes de entonces sienten vergüenza al recordar su pasado. Hagamos un breve recorrido por distintos géneros musicales, para comprobar que el ser hortera era algo habitual, como una moda.

El pop se vio afectado por el horterismo, enfermedad que atacó con sarna a Miguel Bosé. Todos recordamos sus aficiones a utilizar la falda en las actuaciones para la televisión o modelitos estrambóticos como el empleado para interpretar Sevilla.

El italodisco es seguramente el estilo musical con videoclips más horteras, no en vano es en sí un género muy desenfadado. Por ejemplo, el grupo italiano Camaro's Gang aparecía así en Madrid, 1984, para el programa Tocata, con su tema Ali Shuffle.

Impresionante el descaro y falta de vergüenza del tipo del sobrerito-paraguas y bailes amanerados. Además, ¿qué diablos hace, aparte del ridículo, si no lleva instrumento alguno y tampoco canta -no se aprecia bien lo que lleva en la mano, pero por aquel entonces no existían los micrófonos inalámbricos-? Y seguro que esto al público no le impactaba. Cosas de los 80...

Atentos que viene algo fuerte: la actuación del grupo holandés Sauvage con su tema Do You Want Me? de 1988 en un programa de televisión.

¿Qué podemos decir de los primeros movimientos lascivos de la pareja, los bailes afeminados del cantante -¡que vaya voz maneja!- o su cara de fronterizo? Pero la palma se la lleva sin duda su blanco modelito: empezando por su collar de perro en el cuello, siguiendo por sus complementos de Tarzán dejando ver medio pecho y sus nalgas -¡qué monada de taparrabos!-, y terminando por sus guantes y sus medias-perneras a juego. ¡Está divina, jaja! Además a esta yegua loca se la puede sacar de paseo, ya que además de collar tiene correa...

Cambiando de estilo, en el synthpop también había lo suyo. Apreciemos la variedad de peinados, maquillaje y demás complementos que se pueden utilizar para parecer hortera con el vídeo musical de A Flock of Seagulls, I Ran.


A Flock of Seagulls - I Ran


En un atrezzo de ciencia ficción: Un siniestro chef en la batería. A las guitarras Miss Daisy (¡qué monada de gafas!) y Mr. Flequillo a la ola de mar. Como complementos visuales dos yonquis futuristas salidas de Blade Runner, de las cuales el cantante -¿y quién no?- quiere huir corriendo. Y a las voces un esperpento que bien podría ser el villano de Batman (1989), con ese peinado y ese maquillaje -y esa curiosa camisa roja con ese lazito y esas piedras, botones o lo que sean-.

En el rock también se llevaba ser hortera. Hasta los más grandes. David Bowie y Mick Yagger lo dieron todo -de su lado hortera- en la realización de este vídeo, Dancing in the Street (1985), que no se sabe si idealiza el mal gusto en el vestir y en el bailar, o bien es una defensa de los homosexuales -¡a veces parece que Bowie quiere dar un morreo a morritos Jagger!-. Mención aparte es la vestimenta empleada por ambos: combinación de colores imposible en Mick y gabardina con traje de leoparto de David. ¡Ni adrede se puede vestir peor! Pero yo me quedo con la aparición de Bowie y su felino salto a cámara lenta (ya entiendo por qué hizo el tema principal y homónimo para la película Cat People (en España conocida por El Beso de la Pantera), se creía una pantera).

David Bowie & Mick Yagger - Dancing in the Street


El hard rock, heavy metal y glam metal también se vieron metido en la ola de horterismo que invadió el mundo en esa década. Europe, en el videoclip de su celebérrimo The Final Countdown -para mi entre las tres mejores canciones de los 80, con la entrada de sintetizadores más triunfal y reconocible de la historia musical-, parece más una panda de niñas bien peinadas y maquilladas -y con esos pantalones de cuero ajustados-. En más de una noche loca más de un chico habrá entrado al cantante, Joey Tempest, creyéndole la más bella de la discoteca. Precisamente los chicos de Europe, que han sacado en el 2009 nuevo disco, han reconocido que sienten vergüenza cuando se ven con esas pintas.

Europe - The Final Countdown


En fin, que si yo hubiera sido un encargado de seguridad en su famosa gira del 86 le diría a Joey Tempest, en los camerinos:

"Que sepas que ser, eres" - afirmaría.
"¿Que soy qué?" - preguntaría Joey, intrigado.
"Hortera".

R.O.C.

jueves, 17 de diciembre de 2009

'Discoparade': italodance en las ondas

La música de baile, entendida en sentido amplio, siempre ha tenido dos conductos de difusión que se alimentan mutuamente: los temas que por el día se emiten en la radio, de noche se gozan en las pistas: el consumo más o menos pasivo y privado que se disfruta en casa a través de las ondas, pasa a ser en pubs y discotecas colectivo y casi antropológicamente ritual, porque preludia los ritos de apareamiento. A su vez, los buenos recuerdos de la madrugada asociados a una música concreta llevan a que se demande otra vez su emisión en los circuitos radiofónicos, con lo que el círculo se cierra.

En el caso del estilo musical que nos ocupa últimamente, el italodance, fue decisiva la labor difusora en su país de origen del programa 'Discoparade', que se emitía en una cadena local del noreste peninsular, llamada Discoradio. Espacio presentado en sus comienzos por Dario Desi (1988-1990), fue sin embargo en la etapa de Marco Ravelli (1990-2005) cuando alcanzó su esplendor. Allí obtuvieron enorme popularidad autores como Eiffel 65, Gigi D'Agostino o Molella.

Una particularidad de 'Discoparade' era que hacía una clasificación todos los sábados, a las dos de la tarde, de las veinte canciones más bailadas en Studio Zeta, la discoteca más grande de Lombardía. Además, todos los fines de año -normalmente el propio 31 de diciembre-, Marco Revelli presentaba un 'Discoparade' especial con los treinta éxitos más bailados durante el año que iba a terminar, y entre ellos predominan los italo, aunque no sólo, música patria al fin y al cabo. A través del siguiente enlace wikipédico pueden consultarse las listas correspondientes al periodo 1997-2005, cuando se vivió el auge del italodance: un tesoro que debemos evaluar detenidamente. Diré antes de nada que el ya clásico entre los creadores de este blog CD 6 está muy representado (si no me equivoco, he llegado a contar hasta diez temas).

F. J. E.

martes, 8 de diciembre de 2009

Breve recorrido por la música electrónica

Hagamos un ejercicio de historia musical electrónica. Primero fue Kraftwerk, pionero de los sintetizadores que lanzaron allá por 1974 su disco Autobahn, totalmente vanguardista por entonces, al que siguió en 1975 Radioactivity.

A finales de los 70 ya nos encontramos con un uso extendido del sintetizador, tanto en la música disco (e.g. esos fantásticos The Chase y From Here To Eternity, ambos de Giorgio Moroder), como en sus vertientes más enfocadas al baile, el euro disco (por ejemplo, Silver Convention y su Fly Robin Fly "...up up to the sky"), y el space disco (Cerrone y su Supernature, o el fenomenal Theme From Star Wars de Meco), también de finales de los 70 y tratado ya en artículos anteriores, orientada plenamente hacia la ciencia ficción.

También a finales de esta década nació el new wave electrónico, conocido por entonces como Cool Wave (Ultravox), entre 1978 y 1980, que evolucionó allá por 1981 en techno-pop, también llamado synth pop, con grupos como Depeche Mode y canciones como Just Can't Get Enough.

El techno-pop (o tecno-pop) derivó a mediados de los 80 en ciertos países europeos no británicos (Canadá incluido, con el llamado Canadian disco representado por el Living On Video de Trans-X) hacia el italodisco, especialmente en Italia (Den Harrow, Spagna, Baltimora, Sabrina), Alemania (C.C. Catch, Fancy, Modern Talking) y España (Azul y Negro). Este último estilo musical, sencillo, melódico y bailable, muy apreciado en este blog, también evolucionó, especialmente en EE.UU., en el Hi-NRG (High Energy), un estilo más enérgico, con mayor abundancia de graves y un toque más disco -no hay más que escuchar el tema homónimo de Evelyn Thomas, High Energy-.

A comienzos de los 80 también nació en Detroit el sonido techno de la mano del trío de Belleville -The Belleville Three-, al cual ya dedicamos en su día otro artículo. Concretamente el primer tema considerado techno es el Alleys Of Your Mind (1981) de Juan Atkins -integrante del mencionado trío- bajo el nombre de Cybotron.

Ya a finales de los 80 tenemos un estilo house desarrollado, con grupos como Inner City (creado por Kevin Saunderson, otro integrante del trío anterior) con sus singles Big Fun (1988) y Good Life (1989), y Black Box con el ya clásico Ride On Time (1989).

Entramos en la década de los 90 con música más bailable y más alegre si cabe: aparece el eurodance, surgido en Europa. En esa década artistas como 2 Unlimited, Haddaway, La Bouche, Alexia, Ice MC y Masterboy nos ponen las pilas en las pistas de baile. Con influencias del italodisco, house y hip-hop, las canciones eurodance suelen estar formadas por partes con vocales femeninas (los coros) y partes de rapeo masculino, todo intercalado con frenéticos y animados sonidos electrónicos.

Ya a finales de los 90 aparece el italodance -también llamado Nu Italo Disco-, una variante del eurodance que cobra fuerza en Italia y que incorpora un sonido bastante "metálico", con predominio de agudos, vocales distorsionadas con vocoders, una temática despreocupada, coros fáciles y, sobre todo, un género muy positivo y elevador. Gigi D'Agostino es considerado el creador de este estilo -inicialmente llamado Mediterreanean Progressive-, después seguido de interesantes grupos como Prezioso y Eiffel 65 -¿quién no se acuerda de su famoso Blue (Da Ba Dee)?-.

Igualmente a finales de la década de los 90 surge el euro-trance, especialmente en Alemania, Holanda y Bélgica, con grupos como Sash! y ATB. Entre 1997 y 2003 triunfa el vocal trance, una música euro-trance con vocales, donde destacan Lasgo, Milk Inc., Sylver, Orion Too, Fragma, Dee Dee, Ian Van Dahl y Astroline (Sash! también). Las canciones de estos grupos, mayoritariamente belgas, son a veces conocidas en España con el término "cantaditas", canciones generalmente fáciles, pegadizas, de vigorosa voz femenina, y sobre todo, muy frenéticas, con cierto toque trance de fondo. Canciones de algunos de estos grupos también son consideradas a veces eurodance (por ejemplo, algunos temas de Kate Ryan).

Por tanto, normalmente la etiqueta "euro" que antecede a diferentes denominaciones musicales (eurodance, eurotrance, eurodisco) hace referencia a que el origen de la música es europeo, pero no británico, mayormente comercial y que en muchos casos llegó a ser conocido o importado en Gran Bretaña y en EE.UU. De forma parecida, el término "italo" (italodisco, italodance) se suele emplear para aquellas vertientes musicales derivadas del término al que antecede, siendo de origen principalmente italiano, y un género todavía más sencillo y alegre -más playero- que el equivalente "euro".

Actualmente los estilos eurodance, italodance y euro-trance están, lamentablemente, un poco desfasados. Ahora predomina el trance -puro y duro- y sobre todo el electro-house, con David Guetta, Benny Benassi y Eric Prydz a la cabeza. Derivado del house, emplea a menudo sonidos de guitarras distorsionadas, a veces de piano, y fuertes graves.

Y sobre todo, lo que más se lleva en esta década que a punto estamos de abandonar es la revisión y actualización de temas techno-pop ochenteros y eurodance noventeros. Y es que los fundadores de este blog reconocemos que lo que más abunda ahora es una falta de originalidad preocupante (salvo honrosas excepciones, como Guru Josh Project), y sí, echamos mucho de menos que no nos pongan en los bares música dance como la que se hacía en los 90, la gloriosa década dance.

R.O.C.

viernes, 31 de octubre de 2008

Noche de Halloween

Será una de las pocas costumbres importadas de América que, lo reconozco, me gustan. Será por los disfraces de brujas, duendes y demás, aunque yo no me disfrace? Será porque se celebra de noche? Será por el misterio que envuelve esta celebración, que yo siempre relaciono con niebla, esqueletos, cementerios? Será porque se trata de una fiesta de origen céltico? Claro, en nuestra víspera de Todos los Santos se suponía que los espíritus salían de los cementerios para resucitar, con lo que los celtas decoraban sus casas con huesos y calaveras para que los muertos pasaran de largo asustados.

Bueno, es una fiesta misteriosa, muy gótica. Y qué mejor tema para acompañarlo que el mejor tema de los mejores góticos: The Cure. Para quienes leáis este blog, disfrutad este Just Like Heaven en esta noche de Halloween. Ay, se me ponen los pelos de punta, como a Robert Smith!! Esta noche habrá que salir para encontrarse con las brujas...


R.O.C.

El libertinaje de los 80

Sin duda los 80 ha sido una década de libertad expresada también a través de la música. Una libertad en la manera de pensar, expresarse y componer, una nueva ola manifestada con el new wave de finales de los 70 que dio lugar la aparición de nuevos géneros en los 80 - como el New Romantic de Spandau Ballet y Duran Duran - eminentemente electrónicos y con una nueva estética tanto en la manera de vestir como en los peinados. Qué mejor prueba que los peinados imposibles del vocalista de A Flock Of Seagulls, Mike Score, en su vídeo Wishing (If I Had A Fotograph Of You); no en vano nuestro amigo Mike fue anteriormente peluquero, claro!

Pero la mayor faceta de libertad en los 80 se consigue en la libertad de expresión sexual: el libertinaje de los 80. En multitud de temas musicales, letras y vídeos, vestuario y maquillaje, estética en general de grupos, se deja abierto una homosexualidad latente. Libertad para salir del armario, libertad para cambiar de acera que es aceptada en general por el público. Que sean o no en realidad maricones o lesbianas es lo de menos; importa más el plasmar la libertad de expresión y con ello "subirse al tren" de la nueva generación, la nueva ola de jóvenes ansiosos de eliminar la represión sexual. Grupos como Modern Talking, Erasure o el Culture Club de Boy George eran muy bien considerados en la comunidad gay, ya que sus temas tenían un toque afeminado tal como puede apreciarse en los movimientos del cantante de Erasure en el vídeo de Sometimes (no en vano Andy Bell era un gay declarado).

Pero sin duda el mariposón más famoso de los 80, aquel que escuchando cualquiera de sus temas en su etapa de Bronski Beat o en la de The Communards o en su última etapa en solitario no nos deja dudas de que ese chico nació ya directamente en la acera de enfrente, es el escocés más fácilmente identificable: Jimmy Somerville, que no, no sufre síndrome de Down (aunque lo parezca). Esos grititos agudos no dejan lugar a duda, sobre todo en su mejor tema, Smalltown Boy, considerado como un himno gay. El vídeo lo explica todo.


R.O.C.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Por las Highlands escocesas

Cualquier turista que se precie que quiera conocer Escocia debe seguir una serie de imperativos. En primer lugar, organizar él mismo el viaje, vuelos y hoteles incluidos. En segundo lugar, alquilar un coche conforme llega al aeropuerto de Edimburgo. Tercero, dirigirse inmediatamente al Norte, a las Highlands. Y por último, y de lo más crítico, elaborarse una banda sonora para escuchar en el coche que esté a la altura de estas tierras altas.

Yo así lo he hecho y la verdad que no he tenido mucho problema en encontrar grupos y artistas escoceses. No faltan los himnos escoceses -Flower Of Scotland y Scotland The Brave que representan a Escocia en diferentes juegos- y música de gaita, conocida allí como pibroch. También están presentes grupos de rock alternativo, como los originales The Jesus & Mary Chain, creadores del noisy pop allá por 1985, género musical caracterizado por introducir ruido de fondo en un contexto pop.

No pueden tampoco faltar bandas de Britpop, como los ampliamente reconocidos y varias veces galardonados Travis. También están presentes temas de bandas sonoras de películas representativas de Escocia, como el Born Slippy de Trainspotting, el rock sinfónico de Queen en Highlander -Los Inmortales-, o las baladas de Braveheart y Rob Roy. Las guitarras de Mark Knopfler y su banda Dire Straits también animarán la carretera.

Por supuesto, y teniendo en cuenta el blog en el que estamos, lo que más abunda es el synth-pop -de música dance los escoceses, poco, a excepción quizás de Franz Ferdinand-. Grupos como Deacon Blue y su maravilloso Real Gone Kid, Endgames y Aztec Camera pondrán el toque ochentero electrónico necesario para este viaje.

Estamos ya llegando a las cumbres más altas, y allí deben sonar las grandes bandas escocesas: los delicados y elegantes temas de Texas, la voz sobrenatural de Midge Ure -escocés líder de la banda británica Ultravox y componente del pionero grupo de technopop Visage-, la magia de Annie Lennox y su formación inglesa Eurythmics y, en lo alto de la cima, posiblemente la banda escocesa más famosa, los exquisitos Simple Minds.

Sí, mañana marcho para Escocia. Pero no os olvidéis de mí, porque volveré.


R.O.C.

lunes, 25 de agosto de 2008

Matando el tiempo

Ahora que estamos casi finalizando el verano y que todavía no he disfrutado mis vacaciones me doy cuenta que una de las cosas que más añoro de los 90 –en mi época de estudiante– es, aparte de la fabulosa música dance de aquellos años, la práctica de ese hobby necesario para el ser humano: matar el tiempo.

Era para mi otra época, más de tres meses de vacaciones de verano en los que daba tiempo para todo, incluso para aburrirse, muy diferente a la situación actual del españolito currante, con sus raquíticos 22 días no laborables al año que no da ni para desconectar, y mucho menos para matar el tiempo.

Sí, desearía recuperar lo que nos propone –en otra clave- Tina Cousins en su fantástico single del 97: Killin’ Time.

R.O.C.


miércoles, 20 de agosto de 2008

Anotación sobre el espíritu de los noventa y la música 'dance'

Siempre es interesante preguntarse por las relaciones entre causas y efectos, aunque no ejerza uno de filósofo y mucho menos de científico. Dado que la cultura de masas no sólo está al alcance de todos sino que incluso nos constituye, y puesto que este blog está dedicado a una de sus manifestaciones concretas, me gustaría apuntar aquí una brevísima reflexión sobre el espíritu de la última década del siglo XX, para intentar comprender algo mejor el porqué de su música de baile.

Si algo caracteriza a los noventa es el optimismo. Echando la vista atrás, se nos presenta como un paréntesis de calma encajado entre dos turbulencias históricas con sendas caídas: la del Muro de Berlín en 1989, que pone fin a la Guerra Fría, y la de las Torres Gemelas en 2001, que da lugar a un nuevo periodo de incertidumbres. Esa conciencia de placidez histórica aparece reflejada en el título de un famoso ensayo del economista Joseph Stiglitz: Los felices noventa.

Sí. Excepción hecha de empañamientos ocasionales, los noventa fueron básicamente felices. No hubo grandes conflictos a nivel internacional; la economía, una vez superado el bache de comienzos de la década, creció a ritmos inauditos; en los últimos noventa se difundió la telefonía móvil y el acceso a Internet. A todo esto hay que añadir un factor generacional: quienes nacimos a finales de los setenta estábamos en pleno apogeo de nuestra juventud rampante. Conforme al espíritu del momento, éramos básicamente felices.

Con mucho tiempo disponible por ser todavía estudiantes, con un poder adquisitivo más que aceptable para nuestra edad, comparado con el de la generación anterior -aunque, eso sí, bastante parasitario del bolsillo de papá- y sin un euro aún que nos gravase las copas mediante el insufrible redondeo, nos lanzamos a gozar sin remilgos de la noche. Queríamos una música que pusiera ritmo a nuestra adolescencia, y no buscábamos en ella otro mensaje que la ratificación del hedonismo en el que éramos expertos.

Para satisfacer esa demanda, los pubs y discotecas atronaban con canciones muy bailables que nos decían: "no, no hay límites", o "éste es el ritmo de la noche", o "vivimos tiempos misteriosos", o que nos llevaban a Ecuador, o a cualquier otro lugar sin necesidad de abandonar la pista. La música 'dance' de los noventa hay que entenderla en su contexto, cuando el mundo era más despreocupado y nosotros, acaso, más ingenuos. Ahora el mundo no es el mismo, y nosotros también hemos cambiado.

F.J.E.