Cuando veamos este signo en la carátula de un disco, en una camiseta, en el cartel de un concierto o en cualquier otro lugar, la clave para interpretarlo es ésta: se trata de 'mon', ideograma japonés que significa 'bailar', y que ha elegido Gigi D'Agostino como símbolo de su carrera. No a otra cosa distinta que a hacernos bailar se ha dedicado desde sus comienzos este dj turinés, que cuenta entre su producción con algunos de los mejores temas dance de la segunda mitad de los noventa y principios de la década actual.Tras unos años en que desarrolla proyectos subalternos, como mero pinchadiscos, autor de remezclas o trabajos en colaboración, a finales de 1996 sale su primer álbum en solitario. En octubre lanza el single New Year's Day. A título personal, no es casualidad que sea precisamente esta canción una de las que más intensos recuerdos me traen de noches pasadas: fue justamente en octubre de 1996 cuando me trasladé a Madrid para empezar la carrera y, en cierto modo, una nueva vida. Por entonces sonaba en todas partes esta melodía cadenciosa, elegante y algo obsesiva. Hasta ahora no sabía que era de Gigi D'Agostino, y al descubrirlo he destapado sin querer el tarro de las nostalgias... Tiempo de 'mon'.
1999 es el año dorado del músico italiano. Publica el álbum L'Amour Toujours, del que resulta obligado mencionar al menos cinco temas. Comencemos por Another Way, un clásico en las pistas de baile, con un comienzo contundente de punteo electrónico, característico del autor, y un pegadizo estribillo que suena incluso algo ochentero. ¿Quién puede quedarse quieto, sin levantarse y llevar frenéticamente el ritmo, cuando lo escucha? Yo no, desde luego... Tiempo de 'mon'.
Otro tema que transporta sin remedio a quien lo escucha es Bla Bla Bla, que según el propio Gigi está compuesto en honor de aquellas personas que hablan y hablan, pero no dicen nada. Recuerdo que lo utilizaba como sintonía, entre otras variadas y no menos marchosas, un programa muy gamberro de Top Radio, donde había una sección en la que gastaban bromas, y otra en la que ponían en contacto a chicos y chicas los fines de semana para quedar, en directo: '¿Por dónde soléis salir?', 'Pues por Moncloa', 'Pues allí nos vemos, en el intercambiador', 'Pues ¿qué vais a llevar, para reconoceros?', 'Pues un yogur en una mano (?)', 'Pues venga, nos vemos', 'Pues ciao', 'Pues hasta luego'... Tiempo de 'mon'.
Mucho sonó por aquella época otro gran tema del álbum, que comienza como una fanfarria militar y que tiene un cierto aroma del medievo: The Riddle. Ya se sabe, en el amor, como en la guerra. Al son de este himno seguramente se batirían en la discoteca los chicos del grupo mencionado antes para lograr el botín de la guapa de turno, la que llevaba en la mano el yogur... Tiempo de 'mon'.
Y para concluir, las dos canciones que con toda seguridad pueden considerarse las mejores y más celebradas de Gigi. La Passion, de nuevo con ese inconfundible punteo electrónico y un dramatismo progresivo que va desarrollándose hasta el clímax final. (Digamos entre paréntesis que quizá la elevación definitiva de un tema a la categoría de clásico es su elección para cerrar un local todas las noches: ocurre con La Chica de Ayer, de Nacha Pop, en el Penta de Madrid; ocurría con Avalon, de Roxy Music, en el pub del mismo nombre, en Burgos; y ocurre con La Passion en La Miel, también en Burgos, como ahora sabe mi buen amigo y compañero de blog R. O. C., cuyo escepticismo le costó una apuesta...) Tiempo de 'mon'.
Por último, el tema que da título al álbum, L'Amour Toujours (I'll Fly With You). Un auténtico prodigio de la música de baile, con ritmo subyugante, gran originalidad -la voz de ella parece afectada por el helio, pero eso incluso le confiere más ternura- y un toque general de melodrama, de épica amorosa, de huida a las alturas para que él y ella se fundan en un abrazo que dure una o dos eternidades. Canción para escucharla una y otra vez, una y otra vez, a ser posible en el fragor de la noche... Tiempo de 'mon'.
F. J. E.

